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EL RELOJ MÁS PERSONAL
Casi todas las actividades orgánicas están sometidas a cambios en forma de ciclos. La mayoría de los mismos tiene una duración típica de 24 horas. Aunque también los hay más largos y más cortos, como el menstrual. Pero hay un hecho fundamental en la base del ciclo biológico: para que éste sea considerado como ritmo, debe estar regulado por un reloj biológico. Éste se define como una estructura orgánica capaz de indicar el momento en el que se debe dar la variedad fisiológica. Noche
y día La
córnea es la estructura abombada, dura y transparente que cubre
el iris del ojo. Cambia de espesor a lo largo del día. Por la mañana
es más gruesa que a finales de la tarde. Pero no es un biorritmo.
Sin tener en cuenta las actividades del sujeto, la córnea sigue
su ciclo. Mientras el individuo duerme, con el ojo cerrado la córnea
se hidrata y aumenta de grosor. Por el día se deseca y adelgaza
a pesar del parpadeo y lagrimeo. Una noche con los ojos abiertos supone
que la córnea, por la mañana, sea menos gruesa de lo normal.
Temperatura corporal Para que un reloj biológico funcione adecuadamente es preciso que esté ajustado a la hora del día. Es necesario que mantenga una relación precisa entre su propia medida y la que establece el sol. El mecanismo de ajuste no se conoce con exactitud, aunque en los mamíferos depende de una conexión directa de la retina con una parte concreta del cerebro. El
cambio de hora En cambio en otoño e invierno el reloj sólo avanza en una unidad por delante de la GTM. Estos cambios horarios están justificados en función del ahorro energético, y ya nos hemos acostumbrado a ellos. La cronobiología es la ciencia que estudia los ritmos biológicos. Sus fisiólogos especialistas consideraron en un principio, que estas variaciones podrían afectar al bienestar humano. Pero la modificación horaria es tan pequeña y la influencia de las costumbres sociales tan grande que el organismo, literalmente, casi ni se da cuenta del cambio. Como mucho, algunas personas manifiestan sentir somnolencia durante dos o tres días en primavera al adelantarse los relojes. En otoño se suelen despertar un poco antes de lo previsto. El otoño y el invierno, con menos horas de luz, sí son capaces de producir una alteración denominada depresión invernal. Es una patología que en ocasiones puede resultar grave. Está relacionada con un mal funcionamiento del reloj biológico.
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